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Inolvidables
cuatro días pasamos en el Cruce de los Andes 2007, rodeados
de mas de 800 corredores, hermosos paisajes y un entorno
inmejorable.
Salimos el día jueves 8 de Febrero a correr una apasionante
carrera de aventura que comprendería tres días, un poco
mas de 100 kilómetros, una cordillera y dos países,
pero ya llegando al aeropuerto de Buenos Aires no dimos
cuenta que no solo la carrera sería una gran aventura.
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Teníamos
programado el vuelo para las 11:00 horas, pero
llegado al mostrador de check-in nos informan
que nuestro vuelo había sido cancelado, por lo
que recién podríamos tomar el vuelo a Bariloche
a medianoche, sumado a las horas de viaje de Bariloche
a Esquel en micro, recién llegaríamos al lugar
de la carrera a las 5:00 A.M., y la largada estaba
programada para las 9:30. IMPOSIBLE!!!
Por
suerte y luego de mas de 30 minutos de "casi"
rogar para que nos dejen tomar un vuelo anterior
pudimos embarcar y ya estábamos en lo que sería
"la aventura del Cruce de los Andes 2007".
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Un
excelente vuelo hasta Bariloche, una perfecta recepción
por parte del equipo del Club de Corredores que se encargarían
de llevarnos hasta Esquel y a los pocos minutos ya estábamos
viajando en el transporte del Club de Corredores. Pero
como habíamos ido en busca de aventura, el Club de Corredores
quiso que la aventura comenzara antes de la carrera,
por lo que a las 3 horas de viaje, nuestra combi se
queda sin combustible en una ruta desierta donde apenas
pasaba un auto cada 30 minutos. ¿Cómo conseguimos el
preciado combustible? Ese dato me lo reservo porque
roza lo delictivo :)
Finalmente logramos llegar al Gimnasio Municipal de
la Ciudad de Esquel 5 minutos antes de que comenzara
la charla previa obligatoria. Asistimos a la charla,
nos registramos, retiramos remera y el kit del corredor
y a armar el conteiner, el cual quedo cerrado y arriba
del camión que lo iba a transportar, ya con una noche
cerrada sobre nosotros.
Del Gimnasio Municipal a la Hostería. Era una casa de
Familia con una habitación apenas cómoda, un baño apenas
limpio y un servicio apenas existente.
Poco
se puede dormir el día anterior antes de este tipo de
carrera, por lo que el viernes estábamos desde muy temprano
levantados, cambiados y listos para desayunar. Desayuno
muy poco, porque donde paramos no nos lo servían, solo
facilitaban agua caliente, por lo que ya nos estábamos
preparando para lo que serían los próximos 3 días de
carrera.

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Viajamos
hasta Trevelín en taxi y a la llegada ya estaba
todo preparado en la plaza céntrica de este hermoso
pueblo galés para la largada.
9.30 Horas y a correr... Como todos salimos desbocados,
porque sabíamos que era la etapa mas corta y con
menos desnivel. En total teníamos que recorrer
26 kilómetros con muy poco desnivel. Solo subiríamos
entre 600 a 800 mts. Lo que no tuvimos en cuenta
era que 24 de los 26 km. que debíamos recorrer
era cuesta arriba, con poco inclinación pero constante.
Eso mas la velocidad de carrera implicaba quemar
piernas.
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Muy
linda etapa, pasando por el camino Tierra Colorada y
cruzando el Río Corintio cuyas aguas heladas nos sobrepasaban
la cintura.
| Los
últimos 2 o 3 kilómetros bajamos abruptamente todo
lo que habíamos subido en los anteriores. Por suerte
aún teníamos piernas, porque la bajada era muy difícil
de hacerla sin resto físico. ¿La vista? Impresionante!!
Corríamos sobre un filo donde había precipicios
a ambos lados y frete nuestro el alucinante Lago
Rosario.
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Llegamos
bastante enteros, nos hidratamos y a buscar el container.
Armamos la carpa y nos metimos en el Lago Rosario a
refrescarnos y bañarnos (sin jabón ni champú, porque
sabíamos que sino vendría el reproche del ecológico
Club de Corredores).

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Toda
una tarde para descansar, conocer gente, pasear
por el lugar y ya llegada la noche concurrir a
la reunión obligatoria.
Al
otro día a las 9.30 nuevamente en carrera. Habíamos
decidido salir mas tranquilos que el día anterior,
pero llegada a cero la cuenta regresiva ya estábamos
corriendo como desbocados nuevamente.
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Fue
una etapa muy rápida de aproximadamente 34 kilómetros.
Muchos desniveles por lo que fue una etapa agotadora
y desgastante. Durante el recorrido atravesamos Nanti
Fall, un lugar donde cada 10 minutos atravesábamos una
cascada distinta y de distintos tamaños, ideales para
apreciar e hidratarnos, porque sus aguas eran mucho
mejor y mas frescas que lo que los corredores llevaban
en sus mochilas. Saliendo de esta zona nos esperaban
muchos kilómetros de transitar por arroyos de agua helada
algunos y de lodo otros.
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Esta
etapa fue un recorrido hermoso para apreciar.
Corrimos sobre y al costado de cascadas, cruzamos
arroyos de aguas cristalina y también de lodo,
atravesamos campos de rosa mosqueta en flor y
lotes de cebada. Y en la mayor parte del recorrido
teniendo frente nuestro el gran pico que nos esperaría
el día siguiente y el glaciar por donde atravesaríamos.
Finalmente
llegamos al campamento 2 a orillas del río Futaleufu.
Fue una etapa muy dura, pero nada comparando con
lo que tendríamos que vivir el siguiente día.
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Ya
muy agotados y doloridos (yo me había esguinzado un
tobillo a mitad de la segunda etapa) pasamos la tarde
del día dos, entrando al río Fataleufu para que sus
heladas aguas calmen nuestros dolores de tobillos.
Muy cansado concurrí a la charla previa cuando ya estaba
de noche. Allí nos informan que no todos podrían hacer
el recorrido de la tercer etapa por su dificultad, por
lo que los que haríamos el tramo original saldríamos
a las 7.30 horas, y los demás con un recorrido mas corto
y sobre carretera a las 9.30 Hrs.
Esta
vez sí y sabiendo que nos esperarían 42 duros kilómetros
salimos regulando el paso. Corrimos unos 5 kilómetros
hasta llegar a la montaña que debíamos cruzas, para
empezar a ascender 2.000 metros. Muy dura la primer
subida donde prácticamente no se podía correr. Nosotros
sin bastones tuvimos que conseguir algunos palos para
ayudarnos en la subida. En muchos sectores del primer
tramo, en medio de bosques, lo debíamos hacer apoyando
las manos sobre el piso porque la pendiente era casi
horizontal. En muy pocos lugares del recorrido transitábamos
por lugares que no eran subidas desgastantes o bajadas
abruptas, por lo que cada vez teníamos menos piernas
y resto físico.
Salimos
del bosque, atravesamos uno totalmente seco por un gran
incendio, penetramos nuevamente en otro bosque y el
agua que llevábamos para hidratarnos se iba consumiendo.
Muy
cansados pero convencidos que íbamos a terminar esta
gran carrera llegamos a los 1400 metros aproximadamente,
donde el terreno cambio de tierra y bosques a rocas
y mas rocas. Era como subir una interminable escalera
con escalones de mas de medio metro de alto ayudados
con nuestros palos. De a ratos solo podíamos escalar,
porque debíamos agarrarnos de las rocas superiores para
poder subir, y de pronto llegamos a un pequeño altiplano
donde nos pusimos a correr nuevamente. Era no mas de
1 kilometro, pero a pesar de nuestro cansancio corrimos
como el primer día. Debajo nuestro un verde musgo y
cruzando charcos de un color extraño, delante nuestro
el glaciar, y sobre nuestras cabezas el helicóptero
del Club de Corredores que pasaba tomando imágenes del
lugar. Creo que esta fue la mejor parte de toda la carrera.
Totalmente agotados y corriendo como animales que recuperan
su libertad en semejante entorno.

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Luego
de eso nuevamente la calma y a escalar hasta el
glaciar, para cruzarlo caminando sobre nieve y
hielo, mas rocas y mas escaladas, cada vez con
mayor pendiente y finalmente LA CIMA. Toda la
cordillera debajo nuestro, adelante Chile y a
nuestras espaldas Argentina, y distintos grupos
de corredores llegando, gritando emocionados,
sacándose fotos, abrasándose y dejándose ver lágrimas
de emoción. La cordillera era nuestra, lo habíamos
logrado pensábamos, pero no sabíamos que nos esperaba
el tramo mas duro de todos, la bajada.
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Los
2.000 metros que habíamos subido en mas de 30 kilómetros
lo teníamos que bajar en solo 6. Todo era polvo
o lajas sueltas. Difícil, duro y peligroso.
A
los pocos kilómetros de bajada ya nuestros tobillos
parecían de elefante, se comenzaba a sentir el
dolor de las sufridas rodillas y la deshidratación
que sin darnos cuenta veníamos padeciendo.
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En
casi todo el trayecto en bajada veíamos a donde debíamos
llegar, una ruta que desde esa altura apenas de divisaba
como una larga línea borrosa. Ya no teníamos agua en
nuestras mochilas, como tampoco nos quedaban piernas
o resto físico, pero igualmente no parábamos de correr,
o de trotar.
Por suerte cada 30 minutos cruzábamos algún arroyo con
agua helada y cristalina donde parábamos unos segundos
para hidratarnos y sumergir nuestros doloridos tobillos
y rodillas. En todos ellos grupos de corredores en la
misma condición que nosotros, algunos sin poder siquiera
caminar, pidiendo algún analgésico para el dolor.
Así continuamos la bajada con mucho dolor, pero con
mucho mas coraje para seguir corriendo por lugares casi
intransitables.
Finalmente y cuando creíamos que la bajada no terminaría
mas, llegamos a la carretera que nos llevaría a la aduana
chilena. Trámite de aduana, una barrita de cereal mientras
veían nuestros documentos y a correr nuevamente.
Son solo 9 kilómetros sobre ruta dijimos, menos que
cualquier 10k que hayamos corrido en Palermo, así que
nos dimos animo y a terminar la carrera al trote, porque
a esta altura el correr era solo una forma de decir.
Totalmente deshidratados y doloridos corrimos uno o
dos kilómetros, mientras cruzábamos algunos equipos
caminando y totalmente agotados (al igual que nosotros).
Caminábamos en las pendientes cuesta arriba y a trotar
nuevamente. Con 32º de temperatura, la boca totalmente
seca y nuestros cuerpos totalmente deshidratados, las
piernas se movían solas. No quedaba absolutamente nada
de resto físico. Lo único que sentíamos era sed, dolor
en tobillos y rodillas y piedras que pensábamos que
se nos habían metido en las zapatillas, aunque no queríamos
parar para quitarlas; luego en la llegada nos dimos
cuenta que no eran piedras, sino nuestros pies totalmente
ampollados y con las ampollas rotas.
Todo era trotar, caminar un poco para volver a trotar.
Muchos autos nos cruzaron en el trayecto, muchos nos
miraban con cara de "para que están sufriendo tanto",
pero la mayoría tocándonos bocina, dándonos aliento
y felicitándonos aún antes de llegar.

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Así
de cansados, deshidratados y doloridos entramos
a Futaleufú y ya desde la entrada a esta ciudad
chilena se podía ver el arco de llegada.
En las últimas 5 cuadras no existía dolor o cansancio
alguno, solo emoción y orgullo por lo hecho. Gente
arrojando agua a los corredores y aplausos, nada
mas.
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Una
Carrera, una cordillera y dos países. ¿Sufrimiento?
NO. Todo el cansancio quedo atrás, solo recuerdos de
momentos inolvidables de una hermosa carrera.
Como recomendación: no solo el entrenamiento te hace
terminar este tipo de carrera. Debes ir por algo. Mi
motor emocional fue un simple mensaje de texto. Cuando
llegue a Bariloche recibí un mensaje de texto en mi
celular de mi señora y de mi hija, decia "estamos muy
orgullosos de vos y de lo que vas a hacer". Por lo que
cuando estaba agotado y mi físico ya no me respondía
seguía corriendo por ello, no quería ni podía defraudar
a las personas que me apoyaron y me apoyan en esto que
es correr por nada, o por todo.
Juanjo
Equipo DeroCorre.com.ar Nro. 300
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